Los 160 km que separan Brasov de Gheorgheni los hacemos en tres horas, más la parada para comer (hora y media). A estas alturas ya me he dado cuenta de que a Rumanía no hay que venir con prisas. Las carreteras no están mal (al menos ésta), pero son de un sólo carril y a los camiones hay que unir las segadoras, los ciclistas y los carros de caballos. Lo mismo pasa en los restaurantes: pueden pasar 20 minutos hasta que te sirven, así que más vale disfrutar del paisaje.
Para esta etapa he decidido prescindir del GPS por primera vez y casi mejor: el Lacu Rosu no aparece y las coordenadas GPS que me han dado los del hotel por segunda vez son erróneas (en este caso, muy erróneas). Me doy cuenta de que las indicaciones de la carretera no son tan escasas como me pareció al principio. El paisaje durante el viaje podría recordar a la estepa castellana: campos de cereales por todos lados, hasta llegar a Gheorgheni.
El Lacu Rosu es como dice su nombre enclavado entre montañas y abetos gigantes alrededor del cual han aparecido numerosos alojamientos (cazare). Es una zona muy turística, sobre todo nacional. Aún así, su encanto es indudable.
Después de dejar las cosas en nuestro alojamiento, nos relajamos dando un paseo en barca por el lago (20 lei).
